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Sitio Arqueológico

El antiguo asentamiento maya conocido como Xoclán o "Los Siete” está al poniente de la ciudad de Mérida (Yucatán), en Mulsay, Distrito VI de la mancha urbana, a escasos cuatro kilómetros del centro de la ciudad (Figura 2). Está catalogado en el Programa de Desarrollo Urbano (2003) del Ayuntamiento como “zona de protección arqueológica (ZPA)”. En el yacimiento se encuentra el ex banco de materiales del Ayuntamiento, ya en desuso, y colinda con la Central de Abastos al norte.

Está rodeado de colonias y fraccionamientos populares construidos en las dos últimas décadas donde habitan unas 3,200 familias, quienes serán los principales beneficiarios de la inversión. Xoclán está registrado como sitio de Rango IV en el Atlas arqueológico del estado de Yucatán con la clave 16Qd(7):109, y su número de localización, según el sistema de cuadrícula Universal Transversa de Mercator, es 16QBU223218. Durante la realización del atlas se reportó la existencia de dos grupos de montículos y un sacbé (camino, calzada), y otra zona bastante amplia, donde, además de estos dos grupos, se distribuyen gran cantidad de montículos más pequeños. El rango IV implica sitios con una extensión menor a medio kilómetro cuadrado, caracterizado por estar compuesto principalmente de estructuras menores de 2 metros de altura, otras de 2 a 5 metros y algunas de mayor tamaño.


                  


Desde los primeros trabajos de reconocimiento efectuados por Peter Schmitd en 1977 las intervenciones arqueológicas de emergencia fue lo común hasta 1998, participando diversos investigadores del Centro INAH Yucatán en los recorridos, salvamentos y rescates durante el proceso de urbanización (Luis Millet, Thelma Sierra, Leticia Vargas, Fernando Robles, José Huchim y Lourdes Toscano). Xoclán fue un asentamiento periférico, cah (pueblo) o ahau ná (palacio), situado al poniente de T’Hó, uno de los centros más reverenciados de la organización territorial que rigió en buena parte del noroeste de la península de Yucatán a fines del preclásico (300 a.C.-300 d.C.).

Como base para el estudio del patrón de asentamiento se toma como referencia la topografía del terreno que muestra una asociación entre las cotas más altas y la presencia de antiguos edificios mayas y las elevaciones más suaves corresponden a las unidades más pequeñas, al igual que sucede en T’Hó y otros sitios de los alrededores, como Dzoyilá o Chen Hó. El asentamiento de Xoclán parece tener un patrón de distribución concéntrico; alrededor de los dos núcleos principales, y en un radio de cerca de 600 metros se localizan plataformas probablemente habitacionales. Los cenotes en las inmediaciones, como el que actualmente está azolvado cerca del conjunto norte, debieron ser, sin duda, estratégicos como fuentes de abastecimiento de agua para la sostenibilidad del propio sitio y amplían las posibilidades de los estudios futuros en el área.



La falta de una política municipal de protección y el acelerado crecimiento demográfico de Mérida han sido los factores principales de la destrucción del patrimonio cultural ancestral. El crecimiento implica un incremento de las obras de infraestructura, la construcción de nuevos fraccionamientos o ampliaciones de los mismos, así como la autoconstrucción, y esa expansión amenaza importantes centros arqueológicos. En la mayor parte de los casos estos vestigios eran reportados cuando ya han sufrido daños irreversibles, limitando la eficacia del rescate arqueológico, que por lo demás elimina la presencia física de los vestigios en el ámbito urbano, incrementando la pérdida material de la antigüedad maya de Mérida.

En el año de 1988 el Ayuntamiento de Mérida realizó el llamado Plan de Desarrollo Urbano de la Ciudad, en el cual dio a conocer una serie de disposiciones encaminadas a reconocer y conservar los sitios arqueológicos que aún existían en la mancha urbana. Este plan dividió a la ciudad de Mérida en ocho zonas o distritos, reportando en cada uno los vestigios arqueológicos registrados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.





A partir de 1998, la apertura y consolidación de un Departamento de asesoría arqueológica en la Subdirección de Patrimonio de la Ciudad, en la Dirección municipal de Desarrollo Urbano, que trabaja en coordinación con el Centro INAH Yucatán, permite una programación y gestión técnica de los vestigios arqueológicos ubicados dentro del municipio, siendo un modelo a seguir dentro de las actuales políticas nacionales de conservación. A partir de la fecha antes mencionada, el Ayuntamiento de Mérida empezó a considerar prioritaria la protección e integración del patrimonio arqueológico al desarrollo urbano. Los asentamientos que aún se conservan son vistos también como una fuente de información para futuras investigaciones que nos ayudarán a entender el desarrollo cultural de T’Hó y sus relaciones con otros sitios del norte de la Península de Yucatán.