Antecedentes

En mayo de 1977, el doctor Peter Schmidt realizó una visita de inspección a Xoclán, reportando una gran destrucción en una estructura prehispánica de unos 5 metros de altura. Esta destrucción la hizo gente que buscaba piedras para llevarlas a una quebradora de materiales ubicada cerca de ese lugar. Schmidt observó muchas piedras labradas de recubrimiento de muro y de bóveda, además de un buen número de piedras esculpidas del llamado estilo Puuc, así como restos de una capa de estuco. Menciona una construcción en la parte más baja del edificio construida con piedras muy grandes, posiblemente una subestructura de estilo “izamaleño” (Fernández, 1992).



En el mes de marzo de 1990, las investigadoras Thelma Sierra y Leticia Vargas realizaron un recorrido de inspección, señalando que el nuevo fraccionamiento a realizar se localizaba cerca del núcleo central del sitio arqueológico, reportaron un basamento prehispánico de 24 metros de largo por 17 de ancho y 1.20 metros de altura, el cual fué parcialmente destruido por la maquinaria pesada; también una estructura que se destruyó en su totalidad, y varias plataformas arrasadas, posibles unidades habitacionales (Vargas y Sierra,1990).

A raíz de ese peritaje, y de la continuación de las obras del fraccionamiento, en el mismo mes de marzo, el arqueólogo Luis Millet realizó obras de rescate arqueológico en una plataforma prehispánica que corría peligro de destrucción (Ojeda, 1990). En la excavación de la plataforma se encontraron piedras de bóveda de tipo "bota"; al lado norte de las estructuras se detectaron piedras careadas de grandes dimensiones recubiertas de argamasa. Se obtuvieron un total de 3324 tiestos, analizados por el sistema tipo-variedad el cual indicó una ocupación en el sitio desde el Preclásico Medio (200 a.C.- 100 d.C) hasta el Postclásico (1000 – 1521 d.C.) .

El 10 de julio del mismo año, el arqueólogo Fernando Robles realizó una valoración de los daños ocasionados a un montículo prehispánico, debido a las obras de construcción de un nuevo fraccionamiento. Los trabajadores de la constructora abrieron dos calas estrechas que servirían para fijar los cimientos de una de las casas con efecto destructor para la estructura. Robles señalaba la necesidad de cubrir estas calas. Se obtuvieron muestras cerámicas en superficie en estos basamentos, las cuales indican la presencia de dos grupos cerámicos: el grupo Chum y el grupo Muna, ambos situados cronológicamente dentro del período Clásico Tardío (900-1000 d.C.). A raiz de estas observaciones, al año siguiente se llevarían a cabo dos temporadas de trabajos de rescate en Xoclán.

Durante los trabajos de rescate efectuados en la primera temporada, exactamente el 13 de noviembre de 1990, se menciona el posible saqueo de un montículo de unos 6 metros de altura que al parecer es el más grande del sitio. En la parte superior se detectaron dos agujeros excavados recientemente; las oquedades no eran muy profundas. En una de ellas se encontraron algunas ramas secas parcialmente quemadas, y en la otra, cigarrillos a medio consumir, dando la impresión que más que un saqueo, se podría tratar de agujeros para hacer fogatas (Sierra y Vargas, 1990).



xoclan antes


En el mes de septiembre de 1990 el arqueólogo José Huchim realizó una visita de inspección al sitio, efectuando un recorrido por su parte norte, constatando que algunas de las estructuras principales de Xoclán han sido destruidas debido a la explotación de un banco de material, logrando detener dicha explotación y planteando la urgencia de un rescate de las estructuras que aún se encuentran (Huchim,1990).

En el mismo mes de septiembre, las investigadoras Sierra y Vargas recomendaron la realización de un levantamiento topográfico de un área de cerca de 450 metros de norte a sur y de 1 kilómetro de este a oeste. También se reporta la existencia de otro banco de materiales muy cerca del núcleo del sitio, tan sólo a 250 metros por la parte sur del montículo principal. Este banco había sido utilizado durante 18 años. Otro banco de materiales se encontraba a 250 metros al poniente del primero. Este recorrido se llevó a cabo junto con las autoridades encargadas de la explotación de dichos bancos, dando como resultado un acuerdo para que financien el levantamiento topográfico de lo que queda del sitio, con el fin de delimitarlo para su protección. Este levantamiento se llevaría a cabo al comienzo de la temporada de rescate en octubre de 1990.

En el rescate se realizó la excavación extensiva e intensiva del área, excavándose un total de 41 estructuras, localizando nueve entierros, algunos de ellos con ofrendas. De los 60 mil tiestos recuperados los grupos más representados fueron los correspondientes al complejo cerámico Cehpech, aunque también se identificaron fragmentos de cerámica más temprana correspondiente a los grupos Ucú y Tipikal (Vargas y Sierra, 1990). Del complejo cerámico Cehpech hubo tiestos del grupo Chum, del grupo Muna, del grupo Ticul y del Teabo (800-1000 d.C.). Del complejo Sotuta (1000-1200 d.C.), se encontraron tiestos del grupo Sisal y del grupo Silhó. El grupo Kukulá represento el siguiente complejo cerámico (1200-1300 d.C.) (Id. ant.).



La investigación concluyó señalando que Xoclán tuvo una ocupación del Preclásico hasta el Postclásico, sin embargo, la cantidad de tiestos correspondientes a cada período varía. El de mayor porcentaje corresponde al complejo Cehpech del Clásico Terminal (800-1000 d.C.). Como parte de este rescate se restauró y conservó la estructura 10, integrándola al fraccionamiento en una glorieta. Salvamentos como el de la estructura 10 debieran ser norma y no excepción en las políticas de protección del patrimonio arqueológico en áreas urbanas.

En septiembre de 1992, el arqueólogo Huchim realizó una nueva inspección al sitio y encontró en una calle material de relleno disperso, sin encontrar el alineamiento del muro retentivo. Esta calle es la 30 entre 65-A y 43 del fraccionamiento Mulsay, las piedras posiblemente fueron utilizadas por los vecinos del lugar para la construcción de sus albarradas. Se recolectaron 4 fragmentos de material cerámico de superficie del tipo Yokat estriado del horizonte Cehpech que corresponden al período Clásico Tardío (800-1000 d.C.) (Huchim, 1992).

El año siguiente, nuevamente el arqueólogo José Huchim se percató que en el límite norte del área en la que se llevó a cabo la misa del Papa Juan Pablo II en su visita a Mérida, unos trabajadores realizaban excavaciones sobre dos montículos prehispánicos para hacer fosas sépticas. El primer montículo iba a dinamitarse en la parte media. El sitio fué afectado desde que se iniciaron los trabajos de nivelación del terreno, alterando parcialmente su costado sur. El primer montículo mide aproximadamente 20 metros de largo por 13 de ancho y su altura es de 60 centímetros (Huchim,1993). El segundo montículo se encuentra aproximadamente a 70 metros al poniente del primero, con dimensiones de 25 metros de largo por 15 metros de ancho y 80 centímetros de altura (Huchim,1993). En noviembre de 1994 en el área comprendida entre la empresa municipal Servilimpia y la calle 16 del fraccionamiento Mulsay, sobre la calle 132, se llevó a cabo un rescate en donde está ubicado actualmente el fraccionamiento Bosques del Poniente, localizándose varios basamentos pertenecientes al área habitacional de Xoclán. Durante el trazo de esta calle se dañaron cuatro de esas plataformas (Huchim,1994).

Entre diciembre de 1994 y enero de 1995, se efectuó el reconocimiento sistemático del área localizada en el fraccionamiento Bosques del Poniente, entre la calle 130,132 y 5. Se localizaron dos grupos de estructuras con edificios de mampostería. El conjunto está formado por un gran basamento irregular de unos 250 metros de largo por 110 metros de ancho, sobre el que los antiguos mayas construyeron lo que debió ser el centro cívico-religioso del asentamiento. Al este se localiza el edificio principal, con dimensiones aproximadas de 45 metros de largo, 32 metros de ancho y 10 metros de altura, con escalinatas similares al sur, aparentemente de estilo “izamaleño” (Toscano,1994).

 



Los recorridos de superficie fueron supervisados por la investigadora Lourdes Toscano, quien señala que sobre la plataforma general se observaron restos de estructuras de menor tamaño que posiblemente fueron de carácter doméstico. Su informe menciona un “sacbé” de 13 metros de ancho y con una longitud aproximada de 200 metros; este “sacbé” ya fué mencionado por Garza y Kurjack en el “Atlas arqueológico del estado de Yucatán” (1990). Este camino se inicia en la plaza descrita y se dirige hacia el sureste. La arqueóloga señala que posiblemente llegue hasta la estructura 10, consolidada en 1990-91. Alrededor de estos dos grupos se hallan unas 33 estructuras de menores dimensiones y dos edificios de mampostería.

José Huchim en septiembre de 1995, después de inspeccionar un lote delimitado por las calles 25,27 y 24,26 del fraccionamiento Juan Pablo II, define un área de protección mínima para un basamento de 30 metros de largo por 30 metros de ancho, el cual fué sondeado y consolidado al realizar su rescate. La delimitación consideró que la constructora pudiera utilizar al máximo el terreno sin afectar al basamento (Huchim,1995).