Bailes típicos

Jarana

La jarana es el baile típico de la península de Yucatán. Dos golpes de timbal marcan el inicio del baile, inmediatamente el bastonero concerta las parejas a su arbitrio procurando que ninguna se quede sin participar, las forma en dos largas filas, frente a frente, una de hombres y otra de mujeres. Cada pareja conserva su autonomía en el baile y su propio ámbito de dos metros aproximadamente, en el cual se entrecruzan y realizan todas las figuras que su habilidad les permita.

Existen dos formas métricas de este tipo de baile: La jarana 6 por 8 (en compás musical de 6/8), zapateada, nieta de los aires andaluces e hija de los sones mestizos, es de movimiento vivo marcado. La jarana 3 por 4, (en compás musical de 3/4) nacida posteriormente, es valseada y tiene el aire de la jota aragonesa de la que deriva, por ello su movimiento metronómico.

En el baile de la jarana predomina el hieratismo de las danzas aborígenes que influye en la verticalidad de las posturas de sus intérpretes, que en las partes valseadas se realizan giros mientras levantan los brazos en ángulo recto al estilo de los bailadores de jota y efectúan tranquidos con los dedos, reminiscencia de las castañuelas españolas. Con esta sola excepción, el baile de la jarana se limita a las extremidades inferiores, particularidad que la distingue de la jota y del zapateado español; el tronco del bailador permanece erguido, al grado que se tiene a lujo danzar con un objeto en la cabeza sin que éste caiga, como el caso de las “galas” o de las “suertes”.

Tomado del libro: "Costumbres de Yucatán" de Luis Pérez Sábido.
1a Edición Mérida Yucatán 1981. Capítulo VII pág. 66-67





La Vaquería

La vaquería es una de las fiestas tradicionales más difundidas en Yucatán. Tiene su origen en la época colonial y se celebraban anualmente en honor al Patrón o Patrona de la hacienda o pueblo; fiesta que tardaba tres días y cuatro noches, o toda la semana, según nos cuenta el escritor costumbrista Santiago Pacheco Cruz en su interesante libro “Usos, Costumbres, Religión y Supersticiones de los Mayas”. La vaquería, como casi todas las fiestas tradicionales yucatecas, es una combinación del culto religioso traído por los españoles y las creencias del pueblo maya.

Esta fiesta marcaba el tiempo de la hierra del ganado y se realizaba un convite en el que el hacendado invitaba a todos sus amigos para hacer gala de su riqueza. Dentro del marco de ésta se efectuaban bailes que ejecutaban las esposas de los vaqueros y de ahí proviene el nombre de “VAQUERÍA” que hasta nuestros tiempos preservamos y mostramos al mundo con orgullo.

Como la duración de cada jarana fluctúa entre los veinte y cuarenta minutos, es gala femenina cambiar de pareja porque el hombre se retire cansado. Hay bailadoras a quienes se conoce con el nombre de “Tok xich” que significa “Quema-tendones”, es decir, incansables. “Las galas“ consisten en ponerle varios sombreros, uno sobre otro, a manera de corona simbólica. Terminada la jarana, la triunfadora entrega a sus dueños los sombreros y recibe a cambio obsequios en efectivo de acuerdo con las posibilidades económicas de cada uno de ellos, siendo una moneda de oro el obsequio más común.

Luego de un rato de baile, alguien grita "Bomba". Se detiene la orquesta, el baile se interrumpe para que el declamador exprese los agudos decires de las "bombas", cuartetas que pueden llegar a ser madrigalescas, descriptivas, satíricas, pero frecuentemente picarescas, donde aflora el innato sentido del humor del yucateco.

La fastuosidad de las vaquerías ha sido determinada siempre por el auge económico de cada región. En la zona henequenera, la más poblada de Yucatán, era el fluctuante precio de esta fibra el que propiciaba el mayor o menor esplendor de estas fiestas populares.

Actualmente, la diversificación agrícola en algunos pueblos henequeneros, el incremento de la pesca en el litoral yucateco, el auge de la ganadería en el oriente del Estado y el aumento del turismo nacional y extranjero, han determinado el renacimiento de estas fiestas tradicionales.














Los Sones de Jaleo

El Toro Grande es una de las formas de mayor belleza entre nuestros bailables juzgando desde el puno de vista rítmico.

Inigualables como remate en los bailes de vaquería son los sones de jaleo llenos de colorido que remedan el enfrentamiento del torero (el hombre) con el toro (la mujer).

Valiéndose del paliacate rojo que porta colgando por una de sus puntas la bolsa derecha del pantalón, el hombre lo toma como capote en el momento que suena la fanfarria, y conservando el ritmo de su zapateado, ejecuta la cita al toro (la mujer), quien embiste con gracia y elegancia tratando de derribar a su contrincante, ya sea con un golpe de hombro o de cadera, ya echándole una zancadilla.

Existen dos sones de jaleo: el Toro Grande y el Torito; ambos figuran en la “Miscelánea Yucateca” de José Jacinto Cuevas. El toro Grande es el más antiguo de los dos, Stephens lo menciona en su libro. Su ejecución coreográfica requiere mucha destreza y resistencia. El Torito a su vez es más alegre y gracioso, suejecución es muy festejada y provoca siempre la hilaridad de concurrencia que aplaude con delirio la caída del agitado torero.

Tomado del libro: "Costumbres de Yucatán" de Luis Pérez Sábido. 1a Edición Mérida Yucatán 1981. Capítulo VII pág. 71


Suertes de la Vaquería

Las suertes son muestras de destreza o habilidad que algunos experimentados jaraneros realizan ocasionalmente en la fiesta de la vaquería; requieren precisión y equilibrado.La más conocida de estas suertes consiste en bailar con una botella de cerveza o de licor encima de la cabeza. Esta suerte, aunque difícil, es posible lograrla porque los jaraneros mantienen erguido el cuerpo mientras realizan los entrecruzados pasos del zapateado y los desplazamientos valseados propios de la jarana 3x4, llevando los brazos levantados en ángulo para conservar su equilibrio.

No es raro pues que en alguna vaquería de principios de este siglo un jaranero para destacar bailara con una botella de cerveza de licor encima de su ruda testa; suerte inicial que se fue generalizando entre bailadores de uno y otro sexo en diversas poblaciones del interior del Estado, hasta que algunos la fueron complicando a tal grado de bailar con una charola, cuatro vasos y botella, a ritmo de una jarana 6x8.

Juanita Canché, madre del compositor Armando Manzanero, por su parte, bordó con su zapateado verdaderas filigranas de oro mientras mantenía en la cabeza una botella de “habanero”, conservando su característico garbo y su amplia sonrisa.

Tomado del libro: "Costumbres de Yucatán" de Luis Pérez Sábido. 1a Edición Mérida Yucatán 1981. Capítulo VIII pág. 103-104


Danza de la Cabeza de Cochino

A esta danza se le conoce generalmente con el nombre de Pol kekén palabra compuesta que proviene, según el Diccionario Maya Cordemex, de pool (cabeza de cualquier animal) y kekén (cerdo). Según el profesor Santiago Pacheco Cruz es un “acto original y divertidísimo que celebran precisamente como final de la vaquería”. Se baila al ritmo de un sonecito peculiar muy parecido a la primera fase musical de “torito”, pero definitivamente mucho más acompasado y lento.

Su desarrollo es el siguiente: “De la casa del jefe de los organizadores –nos dice Pacheco Cruz en su libro “Usos, Costumbres, Religión y Supersticiones de los Mayas”- sacaban una procesión de la cabeza del cerdo para llevarla a la casa principal como cortesía a los amos (para esto) colocaban en una mesa pequeña bien limpia, una cabeza de cerdo en barbacoa, en jaula arqueada, tejida de madera y adornada con papeles multicolores y cintas angostas, poniéndole además los lados: panes de harina, rollos de cigarros de joloch, mazorcas salcochadas y en pibil, medias botellas de anís; monedas de plata en los ojos (del cerdo) y en la boca un buen trozo de pan blanco conocido generalmente en Yucatán como “francés”. La mesita la adornaban de igual manera que el arco de la jaula; en los laterales y al frente prendían largas cintas que asían las bailadoras en traje de vaqueras (es decir, con sombrero y banda), puesto que tenían que bailar (bajo el sol) cuando la llevaran al salón donde la homenajeaban a todo ritual”.

“A las doce en punto –continúa el maestro Pacheco- se iniciaba la ceremonia de salida; un indígena cargaba la mesita en la cabeza y las cintas eran asidas por las “vaqueras”; se anunciaba la salida con cohetes y triquitraques y la orquesta tocaba una alegre jarana especial (pasacalle) que todos bailaban, comenzando por el chik o bufón que cantaba expresivamente en lengua maya y hacía gesticulaciones y cabriolas que causaban hilaridad entre la numerosa concurrencia.

“El chik llevaba la cara pintada lo mismo que el cuerpo desnudo, pues cubría (con un taparrabo) únicamente las partes; (portaba) una diadema de plumas de guajolote en lugar de sombrero y un par de cuernos imitando al diablo, ya que tenía hasta la cola larga; llevaba además una soga vaquera para lazar a los muchachos”.

“Le acompañaba su esposa, trajeada toscamente y también con el rostro pintado llevando en las manos una pequeña jícara para pedir limosna y otras más conteniendo maíz, cubierta por una paliacate, que sonaba continuamente para despertar al kekén (cochino). También ella cantaba”.

“Así iba la procesión…hasta la casa principal donde los amos y visitantes esperaban. Terminada la pieza que tocaban desde la salida, el chik aprovechaba para anunciar la entrega de la cabeza a los nuevos “diputados” electos que se responsabilizaban de la celebración en el año venturo. El jefe de los salientes pronunciaba una epístola en el idioma maya sin dejar de invocar a sus dioses pidiéndoles protección y salud y que no haya novedad en el lugar para celebrar con regocijo la entrega de la cabeza”

“Después de esto el chik rociaba a todos con balché (bebida embriagante preparada con aguamiel y la corteza fermentada del árbol del mismo nombre) y que según ellos era la bendición que se otorgaba a los nuevos “diputados”; luego bailaban en confusión, tomando parte hasta los amos, el “torito” o el “jarabe” zalamero. Después llevaban la cabeza con las mismas formalidades hasta la casa del nuevo jefe donde se distribuía para la comilona. Cuando no se llevaba a la casa principal por algún inconveniente, era llevada entonces al salón de baile donde le hacían los mismo honores”.

Tomado del libro: "Costumbres de Yucatán" de Luis Pérez Sábido. 1a Edición Mérida Yucatán 1981. Capítulo VIII pág. 134-136


Los Almudes

El Almud, cajoncillo de madera, es una medida de origen árabe que en Yucatán fue utilizado para la medición del maíz desgranado.

En uno de mis frecuentes viajes al interior del Estado, me platicó don Pablo Estrada Aguilar, que a fines del siglo pasado vivió un hombre moreno y corpulento a quien apodaban “Bolchoch”, que era uno de los grandes entusiastas de la fiesta de su pueblo. Bolchoch esperaba con tanta impaciencia la hora de la vaquería que para calmar su ánimo ingería durante la tarde varios alcoholes, de modo que llegado el momento de la fiesta el hombre se encontraba bastante achispado.

En una ocasión al pretender entrar al salón de baile le fue negado el acceso por considerarse que su estado no era grato a la vista de las familias ahí reunidas. Entonces Bolchoch se encaminó hacia una troje cercana, extrajo un almud, lo llevó a un sitio próximo al salón de baile y comenzó a zapatear sobre él, conservando su precaria verticalidad arriba del pequeño cajón de madera. Al verlo bailar en esas condiciones muchos curiosos se arremolinaron a su alrededor y le corearon con las palmas su singular contoneo que seguía el ritmo de los timbales de la orquesta. Para evitar que todos los bailadores salieran del salón a observar lo que acontecía en plena plaza, el bastonero invitó al simpático personaje a pasar y participar del baile.

Nunca más tuvo Bolchoch dificultad para introducirse en el salón de fiestas, pese a su estado inconveniente. Es más, se le pedía con frecuencia ejecutar su original suerte que más adelante compartió con destacadas jaraneras.

Creemos haber encontrado en esta anécdota el origen del baile sobre los almudes.

Tomado del libro: "Costumbres de Yucatán" de Luis Pérez Sábido. 1a Edición Mérida Yucatán 1981. Capítulo VIII pág. 104-106


Danza de las Cintas

La más bella y policromada danza tradicional de Yucatán es la conocida con el nombre de “Danza de las Cintas”.

Francisco Javier Clavijero (1731-1787) la describe de la siguiente manera: “Había entre otros un baile muy curioso que aún usaban los yucatecos. Plantaban en el suelo un árbol cuya punta suspendían veinte cordones, según el número de bailarines. Cada cual tomaba la extremidad del cordón y empezaba a danzar al son de los instrumentos cruzándose con mucha destreza, hasta formar en torno del árbol un tejido de los cordones, observando en la distribución de los colores, cierto dibujo y simetría. Cuando a fuerza de dar vueltas se habían acortado los cordones que apenas podían sujetarlos, aun alzando mucho los brazos, deshacían lo hecho con otras figuras y pasos”.

Esta danza se acompaña con un sonsonete indígena semejante a “los xtoles” ejecutando con guitarra, saxofón y timbal. Los danzantes cantan la tonadilla en lengua maya.

Actualmente la ejecución de esta danza en las principales poblaciones de Yucatán es, con ligeras variantes, como sigue:

De la parte superior de un palo central, de 3 pulgadas de diámetro por 3.5 metros de altura, aproximadamente, penden diez a doce listones que son sujetados en su extremo por otros tantos bailadores, de uno y otro sexo, alternados en derredor del palo que es sostenido por un muchacho que no participa en el baile. Al iniciarse la música los danzantes se entrelazan a ritmo para formar en la parte superior del mástil un bonito tejido. Se procura que los colores de las cintas sean lo más contrastado posible para darle mayo atractivo al tejido.

En algunas poblaciones esta danza se efectúa utilizando el tronco de un ceibo o una palma de huano; el remate del árbol se adorna con flores de gran tamaño. Antes de iniciarse el tejido, los bailadores ejecutan sobre sus mismos lugares algunos pasos característicos de esta danza:

Dignos individuales, entradas y salidas en círculos, giros colectivos en torno al palo, así como cambios de lugar con sus parejas sin soltar los listones, para volver inmediatamente a sus posiciones iniciales. El tejido lo forman en más de cien compases, sin mira el suelo ni la parte superior del árbol. Al terminar de tejer marcan sobre sus lugares ocho compases y proceden de inmediato a deshacer el tejido.

Con las características apuntadas, la “Danza de las Cintas”, lleva más de dos siglos de bailarse en Yucatán. Aunque es probable que haya llegado de nuevo a nuestra tierra a mediados del siglo XIX, durante el imperio de Maximiliano, traída por los inmigrantes austriacos que se avecindaron en las proximidades de la población de Santa Elena, sin mezclarse con la población indígena. Otro grupo de inmigrantes se estableció en la Villa de Kanasín, población muy próxima a la ciudad de Mérida, donde muchos de sus habitantes aún conservan algunas de las características étnicas de sus antecesores europeos.

Tomado del libro: "Costumbres de Yucatán" de Luis Pérez Sábido. 1a Edición Mérida Yucatán 1981. Capítulo VIII pág. 145-149