Espacio para Niños / Lee

Lee un cuento
     
PrincipalAdivina lee apende navega Aliméntate
El ratón campesino
Fábula

-Un ratón campesino tenía por amigo a otro de la corte, y lo invitó a que fuese a comer a la campiña.
Pero como sólo podía ofrecerle trigo y yerbajos, el ratón cortesano le dijo:
-¿Sabes amigo que llevas una vida de hormiga? en cambio yo poseo bienes en abundancia. Ven conmigo y a tu disposición los tendrás.
Partieron ambos para la corte. Mostró el ratón ciudadano a su amigo trigo y legumbres, higos y queso, frutas y miel.
Maravillado el ratón campesino, bendecía a su amigo de todo corazón y renegaba de su mala suerte.
Dispuestos ya a darse un festín, un hombre abrió de pronto la puerta. Espantados por el ruido los dos ratones se lanzaron temerosos a los agujeros.
Volvieron luego a buscar higos secos, pero otra persona entró en el lugar, y al verla, los dos amigos se precipitaron nuevamente en una rendija para esconderse.
Entonces el ratón de los campos, olvidándose de su hambre, suspiró y dijo al ratón cortesano:
-Adiós amigo, veo que comes hasta hartarte y que estás muy satisfecho; pero es al precio de mil peligros y constantes temores. Yo, en cambio, soy un pobrete y vivo mordisqueando la cebada y el trigo, pero sin congojas ni temores hacia nadie.
El ratón campesino
 
Sapo es sapo
Libro infantil

-Qué suerte tengo -dijo Sapo mientras admiraba su reflejo en el agua-. Soy lindo, y puedo nadar y saltar mejor que nadie. Soy verde, y el verde es mi color favorito.
Ser sapo es lo mejor del mundo.
–¿Y yo qué? –preguntó Pata–. Soy toda blanca.
–¿No crees que yo también soy linda?
–No –respondió Sapo–. Tú no eres verde. No tienes ni un punto verde.
–Pero yo puedo volar –dijo Pata-. Y tú, no.
–¿De veras? –Dijo Sapo–. Nunca te he visto volar.
–Soy un poco floja –respondió Pata–, pero sí puedo hacerlo. Mírame.
Y salió corriendo, batiendo las alas ruidosamente.
Pata alzó vuelo con gracia y planeó por el aire.
Voló en círculos un par de veces y luego se posó en la rama frente a Sapo.
– ¡Fantástico! –Exclamó Sapo lleno de admiración.
Yo también quiero volar.
–No puedes. Tú no tienes alas –sonrió Pata.
Y se fue contenta a su casa.
Cuando estuvo solo, Sapo comenzó a practicar.
Dio una larga carrera y batió los brazos desesperadamente.
Pero por más que trató, no pudo levantar el vuelo.
Sapo estaba desilusionado.
–Soy un Sapo inútil –pensó–. Ni siquiera puedo volar.
¡Ah, si sólo tuviera alas!
Entonces tuvo una idea magnifica.
–Lo que Pata haga, yo también puedo hacerlo.
Sapo estuvo trabajando toda la semana con una vieja sábana y un trozo de cuerda. Por fin estuvo listo para su primer vuelo de prueba.
Subió a una colina a la orilla de río. Dio una larga carrera, tal como había visto hacer a Pata…
…y saltó con los brazos extendidos.
Revoloteó por unos segundos, como un pájaro de verdad. Pero, de pronto, las alas se rompieron y Sapo se vino abajo. Cayó al río como una piedra. Al menos el aterrizaje fue suave.
Rata vio a Sapo salir del agua.
–Deberías saber que los sapos no vuelan –le dijo.
–Y tú, ¿puedes volar? –preguntó Sapo.
–Claro que no –contestó Rata–. No tengo alas.
Pero soy bueno fabricando cosas.
Sapo se quedó pensando: -Y Cochinito, ¿sabrá volar?
De regreso a casa, pasó a verlo. Cochinito estaba sacando una torta del horno cuando apareció Sapo.
–Cochinito, ¿puedes volar? –preguntó Sapo.
–Claro que no –contestó Cochinito–. Y si acaso pudiera seguro que me marearía por allá arriba.
–Entonces, ¿qué sabes hacer? –preguntó Sapo.
–Muchas cosas. –Respondió Cochinito ofendido–. Hago las mejores tortas del mundo. Soy lindo. Soy todo rosado. Y el rosado es mi color favorito.
Al llegar a su casa Sapo pensó:
–Apuesto a que yo también puedo hacer una torta.
Metió en un recipiente todo lo que pudo encontrar y empezó a batir, tal como había visto hacer a Cochinito.
Luego echó la mezcla en un sartén y lo puso encima de la estufa.
–Ya está –dijo–. Mi torta estará deliciosa.
Pero al cabo de un rato, el sartén empezó a echar humo y salió un olor horrible. La torta estaba chamuscada.
–Ni siquiera sé hacer una torta –pensó Sapo con tristeza.
Fue entonces a ver a Liebre.
Liebre estaba leyendo muy entretenido.
–¿Me prestas un libro? –pidió Sapo.
–¿Sabes leer? –preguntó Liebre extrañado.
–No –contestó Sapo–. Quizá tú me puedas enseñar.
–Mira –dijo Liebre–, esta es una “o” y esta es una “a” y esta es una “f” y esta es…
–Sí, sí ya entendí –dijo Sapo con impaciencia–. Y corrió a su casa con el libro bajo el brazo.
Se sentó cómodamente y abrió el libro, como había visto hacer a Liebre. Pero las páginas estaban llenas de signos extraños. Sapo no entendía ninguna palabra.
Después de una hora, seguía sin entender nada.
–¡Nunca lo lograré! –Exclamó Sapo–. Es demasiado difícil para mí. Soy un sapo inútil y tonto.
Sapo le devolvió el libro a Liebre.
–¿Y entonces? –Preguntó Liebre–. ¿te gustó? Sapo maneó la cabeza desconsolado.
–No sé leer –contestó–. No sé hacer una torta, no sé fabricar cosas y no puedo volar. Ustedes son mucho más inteligentes que yo. No sé hacer nada –dijo sollozando–. Soy un sapo verde y tonto.
–Pero, Sapo –dijo Liebre–, yo tampoco puedo volar.
No sé hacer tortas, ni fabricar cosas, no puedo nadar ni brincar como tú… porque soy una liebre.
Y tú eres un sapo, y todos te queremos mucho.
Muy pensativo, Sapo caminó hasta el río.
–Liebre tiene razón, tengo suerte de ser un sapo. Puedo nadar, puedo brincar… y un día de estos, tal vez aprenda a leer. Miró su reflejo en el agua.
–Ese soy yo –pensó–. Un sapo verde con calzones de rayas.
De pronto, Sapo se sintió feliz.
Lleno de alegría, dio un salto. Un gran salto de Sapo, como sólo los sapos saben dar. Sintió que estaba volando. 

Sapo es Sapo (Frog is Frog)
Max Velthuijs (1996)
Ediciones Ekaré
Sapo es sapo
El ratón campesino El regalo mágico del conejito pobre El patito feo Gotita de agua, copito de nieve Los 3 cerditos y el lobo Los sueños del sapo
 

070

ATENCIÓN CIUDADANA

Ayuntatel: (01) 999 924 4000

merida.gob.mx/atencionciudadana

opinion@merida.gob.mx


client

AYUNTAMIENTO DE MÉRIDA

Calle 62 s/n, Palacio Municipal

Colonia Centro C.P. 97000

Mérida, Yucatan, México