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Discriminación
y Maltrato a las Trabajadoras
La
discriminación basada en el embarazo de las trabajadoras
del sector de maquiladoras tiene tres aspectos: exámenes
y otro tipo de tratos a las mujeres para determinar si están
embarazadas durante el proceso de contratación; negación
de contrato a mujeres embarazadas; y maltrato y forzamiento
de renuncia de trabajadoras que se quedan embarazadas.
Discriminación
en el Proceso de Contratación
Las
mujeres que solicitan un puesto de trabajo en serie o de
montaje en el sector de maquiladoras de México tienen
que someterse normalmente a exámenes de embarazo
como una condición de empleo. Esta práctica
se reproduce en muchas fábricas de la frontera de
Estados Unidos con México, desde Matamoros a Tijuana.
Las
entrevistas de Human Rights Watch revelan que los exámenes
de embarazo los administran los propios doctores y enfermeras
de las empresas, o clínicas privadas contratadas
que los combinan con otras pruebas médicas, como
la toma de la presión sanguínea o las pruebas
de anemia o diabetes. Muchas veces, estas otras pruebas
sirven como pretexto para los exámenes de embarazo.
Las trabajadoras nos dijeron que creen que los resultados
de los exámenes se envían a los jefes de personal
de las fábricas para que los estudien y decidan que
solicitantes serán seleccionadas para el trabajo.
Las mujeres entrevistadas por Human Rights Watch, muchas
de las cuales acudieron al proceso de selección acompañadas
de amigas, señalaron que, al parecer, sólo
se niega el trabajo a las mujeres embarazadas. En algunos
casos, los doctores, enfermeras y otros empleados de las
maquiladoras dijeron explícitamente a las mujeres
que si sus pruebas de embarazo resultaban positivas no serían
contratadas. El personal administrativo de otras compañías,
como Zenith en Reynosa, reprendió a las mujeres diciendo
que si se quedaban embarazadas perderían sus trabajos.
Aparte
de las pruebas médicas, las maquiladoras utilizan
toda una serie de métodos para determinar si una
mujer está embarazada. En algunos talleres los encargados
de personal preguntan directamente a las solicitantes femeninas
si están embarazadas; en otros talleres las mujeres
deben señalar en los formularios de solicitud de
empleo si están embarazadas; y en otros casos; para
determinar si una mujer está embarazada, los encargados
de personal de las maquiladoras llegan a recurrir a preguntas
indiscretas sobre asuntos como la actividad sexual de la
solicitante, su ciclo menstrual, y el tipo de anticonceptivos
que utiliza. Una supervisora que trabaja actualmente en
Alambrados y Circuitos Eléctricos en Chihuahua contó
a Human Rights Watch que normalmente se animaba a los encargados
a que no contrataran a mujeres embarazadas (o mujeres obesas,
porque no podían estar de pie mucho tiempo).
Si no existiera la participación, a petición
de las propias maquiladoras, de cierto personal sanitario
en esta práctica discriminatoria, sería más
difícil para las maquiladoras eliminar a las mujeres
embarazadas de las listas de solicitantes de empleo y negarles
un puesto de trabajo.
Discriminación
Posterior al Contrato y Utilización Punitiva de Condiciones
de Trabajo
Nuestras
entrevistas demuestran que si una trabajadora de la maquiladora
se queda embarazada una vez contratada, su capacidad para
mantener el puesto de trabajo puede depender mucho de la
actitud del supervisor. Hemos documentado casos en los que
mujeres embarazadas fueron forzadas a renunciar y fueron
acosadas y maltratadas por haberse quedado embarazadas.
Las trabajadoras nos hablaron de las prácticas abusivas
y las condiciones irracionales que ellas mismas experimentaron
o de las que fueron víctimas otras compañeras
porque estaban embarazadas, y de las cuales, sin embargo,
tenían temor de quejarse o estaban reticentes a protestar
por miedo a perder sus trabajos.
Aunque estas condiciones, por sí mismas, están
fuera del alcance de este informe, la utilización
punitiva de estas condiciones suele intervenir en el maltrato
y el forzamiento a renunciar a las trabajadoras embarazadas.
Las mujeres nos contaron como las reasignaron a tareas con
una carga física mayor; les alteraron los horarios
de trabajo cada semana; las forzaron a trabajar de pie en
lugar de sentadas; y las obligaron a trabajar las horas
extraordinarias que les pedían para que pudieran
mantener sus puestos de trabajo. Además, las mujeres
que se quedaron embarazadas informaron de que las maquiladoras
utilizaron contratos de prueba de treinta a noventa días
como un mecanismo para no tener que ofrecer puestos permanentes
a trabajadoras embarazadas.
En otros casos, las mujeres siguieron trabajando sin problemas.
A pesar del embarazo, con frecuencia el tiempo que una mujer
llevaba trabajando fue un factor en sus posibilidades de
mantener su puesto. Sin embargo, ninguna trabajadora tiene
la seguridad de que podrá mantener su puesto de trabajo
si se queda embarazada. Las entrevistas tanto con mujeres
que perdieron sus trabajos por estar embarazadas como con
trabajadoras embarazadas que mantuvieron sus puestos de
trabajo revelan que si una mujer había trabajado
en una maquiladora durante varios años, tenía
menos posibilidades de que la despidieran o la acosaran
por quedarse embarazada. Las trabajadoras nos dijeron que
si después de un tiempo en el empleo una trabajadora
ha establecido una buena relación laboral con un
supervisor y ha demostrado claramente su productividad y
responsabilidad, tiene más posibilidades de que no
la fuercen a renunciar.
Renuncias
Forzadas e Intentos de Forzar Renuncias
Human
Rights Watch investigó y documentó casos en
los que los encargados u otro personal de las maquiladoras
forzó o intentó forzar la renuncia de las
mujeres por estar embarazadas. Después de que las
forzaran a dejar sus puestos de trabajo en el sector de
las maquiladoras, las trabajadoras perdieron frecuentemente
el contacto con sus compañeras de trabajo, o buscaron
trabajo como empleadas domésticas, lo que hizo más
difícil encontrarlas y entrevistarlas. Sin embargo,
Human Rights Watch pudo documentar varios casos de renuncias
forzadas.
Las trabajadoras utilizaron con frecuencia el término
"obligada" para describir sus renuncias. En los
casos que siguen, las mujeres renunciaron en el sentido
más técnico de la palabra-es decir que presentaron
sus renuncias o firmaron cartas de renuncia insistidas,
instigadas o instadas por los encargados de la maquiladora.
Human Rights Watch considera que estas renuncias forzadas
equivalen a despidos, teniendo en cuenta la coacción
con que se hicieron y el hecho de que todas las trabajadoras
dijeron que pensaban que no tuvieron otra alternativa más
que firmar y dejar la maquiladora en unas condiciones que
les permitieran buscar trabajo en otras maquiladoras en
el futuro. En todos los casos investigados por Human Rights
Watch en los que se forzó la renuncia de mujeres
embarazadas, las propias trabajadoras creían que
fueron las únicas forzadas a renunciar, aunque en
algunos casos, la compañía argumentaba que
ya no había trabajo suficiente para todas las trabajadoras.
Las trabajadoras se quejaron con frecuencia de que cuando
estaban embarazadas, un supervisor buscó cualquier
excusa para despedirlas e incluso cuando algunas de ellas
no habían sido realmente despedidas, los supervisores
solían amenazarlas con despedirlas para intimidar
a las trabajadoras. Una trabajadora que trabajó en
el sector de maquiladoras durante más de diez años
y que ahora trabaja en una cooperativa nos dijo que para
una trabajadora embarazada "el mínimo descuido,
como llegar tarde o no trabajar lo suficientemente rápido
puede utilizarse como excusa para deshacerse de ella."
Los supervisores exigen cosas extraordinarias a las mujeres
embarazadas de manera a forzar su renuncia. Por ejemplo
Marta siempre ha trabajado de montadora en una serie de
talleres en Tijuana. Tiene veinte años y terminó
tercer año de educación básica. A finales
de 1994, empezó a trabajar con un contrato provisional
en Temco en Tijuana. La compañía no exigía
un examen de embarazo, aunque una de las preguntas del formulario
de solicitud de empleo era si la solicitante estaba embarazada.
Marta contestó que no y posteriormente la compañía
la forzó a renunciar cuando descubrió que
estaba embarazada.
Maltrato
a Trabajadoras Embarazadas
Ciertas
trabajadoras se quejaron de que cuando las maquiladoras
no forzaron la renuncia de las mujeres embarazadas, las
maltrataron. Estas mujeres nos informaron de que en ciertos
casos los supervisores de las maquiladoras intentaron deliberadamente
que las mujeres embarazadas hicieran un esfuerzo excesivo.
El 11 de diciembre de 1989, la negación por parte
de un supervisor de permitir a una mujer embarazada dejar
la cadena de montaje en el taller de Plásticos Bajacal,
propiedad de Carlisle Plastics, en Tijuana, desembocó
en un aborto espontáneo.
Los supervisores recurren a otros métodos, tales
como reasignar a las trabajadoras embarazadas a puestos
con una carga física mayor, de manera a presionarlas
para que renuncien. De esta manera, una trabajadora embarazada
se ve forzada a elegir entre tener un embarazo sano y completo,
y mantener su puesto de trabajo. Eréndira, una ex
supervisora del taller de Industrias de Américas
en Chihuahua, nos habló de este tipo de maltrato
a las mujeres embarazadas en el taller donde trabajó
varios años.
Dijo que la presión para que las mujeres embarazadas
renuncien depende del supervisor y que muchos supervisores
querían sacar a las mujeres embarazadas de sus cadenas
de montaje, con el argumento de que disminuyen la productividad.
En un caso, por ejemplo, un superior interpeló a
un supervisor sobre la baja productividad de una de sus
cadenas. El supervisor echó la culpa a la presencia
de trabajadoras embarazadas. El superior le dijo que buscara
una solución a su problema. Por consiguiente trasladó
a la trabajadora embarazada del puesto de montadora de cables
al de empaquetadora, que era un puesto con una carga física
mucho mayor. Eréndira y algunas otras supervisoras
empezaron a quejarse de que la tarea era demasiado extenuante
para la mujer embarazada de la cadena. Finalmente, el supervisor
cedió y volvió a poner a la trabajadora en
su puesto en la cadena de montaje de cable. Pero, según
Eréndira, ha habido muchas mujeres embarazadas tratadas
del mismo modo, que no aguantaron, y que no tuvieron a nadie
que las defendiera.
También encontramos casos en los que los encargados
de las maquiladoras permitieron que las trabajadoras mantuvieran
sus trabajos después de quedarse embarazadas. Sin
embargo, la seguridad en el puesto de estas mujeres dependió con frecuencia de la buena voluntad de un supervisor.
En cada uno de los cinco casos en los que Human Rights Watch
escuchó elogios por parte de las trabajadoras al
trato que sus maquiladoras les habían dado cuando
estaban embarazadas, las mujeres habían trabajado
más de un año en la maquiladora e invariablemente
se llevaban bien con sus supervisores. Las mujeres tenían
muchas más posibilidades de perder que de mantener
sus trabajos cuando habían trabajado menos de un
año en una maquiladora y/o no se llevaban bien con
sus supervisores. Sin embargo, la antigüedad no es
en absoluto una garantía de que las trabajadoras
embarazadas no serán forzadas a renunciar por estar
embarazadas.
Tomado
de EUROSUR/FLACSO, Proyecto Mujeres Latinoamericanas en
Cifras.
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