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Discriminación Sexual en el Sector Maquiladoras en México

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Discriminación Sexual en el Sector Maquiladoras en México

La práctica generalizada de la discriminación sexual basada en el embarazo en el sector de las maquiladoras mexicanas tiene sus raíces en el interés económico de las empresas matrices. La discriminación se mantiene a causa de una confluencia de intereses y necesidades: el interés económico de las empresas matrices por que sus costos de producción sigan siendo tan bajos como sea posible; el interés del gobierno de atraer y mantener la inversión extranjera; y la desesperación de las mujeres por encontrar trabajo.
Los propietarios de las maquiladoras operan en México sobre todo por el bajo costo que supone mantener un negocio en esa zona. Los salarios bajos les permiten mantenerse operativos y hacer que México sea atractivo para la inversión. Las compañías estadounidenses se trasladaron al área fronteriza a finales de los sesenta, atraídos principalmente por la posibilidad de reducir sus costos de mano de obra. Las multinacionales estadounidenses se enfrentaban al dilema de mejorar la productividad en casa o reducir los costos trasladándose a "países del Tercer Mundo que ofrecían bajos costos, abundante mano de obra (femenina). . .

Puede que el gobierno mexicano pase por alto esta discriminación sexual a causa de las importancia de las maquiladoras para la economía mexicana. En los primeros once meses de 1995, el sector de maquiladoras generó 29.500 millones de dólares americanos en ganancias de la exportación mexicana. El sector de maquiladoras, con 2.100 talleres, es la mayor fuente de dólares de México, por encima del petróleo y el turismo. El gobierno mexicano se beneficia de las divisas fuertes que se embolsa por el valor estimado de los productos terminados de las maquiladoras y el empleo que el sector de maquiladoras ofrece a cientos de miles de mexicanos. Además, propietarios y contratistas de las maquiladoras envían dólares a México para pagar los salarios y otros gastos. Estos dólares se convierten en pesos para pagar los salarios de los trabajadores.

La dependencia del gobierno mexicano en los ingresos que aporta el sector de las maquiladoras, combinada con la discriminación sexual dentro del sistema legal y social de México, supone una razón de peso para no incentivar la resolución de la discriminación basada en el embarazo. Es más, la falta de interés oficial por ocuparse de este problema se ha extendido incluso al empleo en el sector de la administración pública, como señaló y condenó la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal en 1995.

Las propias trabajadoras tienen mucha reticencia a protestar contra la discriminación sexual basada en el embarazo, sobre todo por miedo a perder los puestos de trabajo que necesitan tan desesperadamente. La tolerancia de las trabajadoras a este trato discriminatorio tiene sus raíces en la propia desesperación económica de las mujeres. A causa de su falta de educación y de experiencia laboral previa significativa, las mujeres que trabajan en el sector de maquiladoras no tienen casi ninguna posibilidad de ganar un salario que les permita mantenerse ellas mismas y a sus familias, fuera del sector de maquiladoras. El Gobierno de México no ha garantizado que las mujeres que participan en el sector de maquiladoras estén protegidas de la discriminación y que su intimidad no sea invadida.

Un estudio de 1978-1979 sobre mujeres en el sector de maquiladoras de Ciudad Juárez, señala que de 510 casos estudiados, "sesenta por ciento de las que tienen experiencia laboral empezaron a trabajar entre los 13 y los 15 años como domésticas". Un estudio de 1989 a 1990 sobre 1.029 trabajadoras del sector de maquiladoras del estado mexicano de Chihuahua señalaba que existía una fuerte correlación entre el nivel educativo de las mujeres y sus motivos para trabajar en el sector de maquiladoras. El estudio descubrió que la mayoría de las trabajadoras que no habían terminado la educación básica mencionaban como el factor que las motivó a trabajar en el sector de maquiladoras la necesidad económica-78,6 por ciento en Ciudad Chihuahua y 63,5 por ciento en Ciudad Juárez. También demostraba que incluso la mayoría de las que habían acabado la educación básica-61,9 por ciento en Ciudad Chihuahua y 63,5 por ciento en Ciudad Juárez-mencionaban los motivos económicos como la razón principal para trabajar en el sector.

Muchos de los ingresos de las trabajadoras no son adicionales a los salarios de sus esposos o compañeros, sino esenciales para mantener sus hogares y a sus hijos. Muchas de las mujeres que entrevistamos trabajaban fuera de casa por primera vez y tenían muy pocas aptitudes. Las posibilidades de estas mujeres cuando empiezan a buscar trabajo están seriamente limitadas. Por ejemplo, en los trabajos que tradicionalmente empleaban a obreros no calificados-como en supermercados o en otros puestos del sector servicios-se está empezando a exigir que los solicitantes hayan terminado la educación secundaria, como mínimo. En el pasado, las maquiladoras aceptaban a candidatos que sólo tuvieran estudios básicos, pero no comprobaban normalmente si habían acabado la escuela. Ahora, cada vez más maquiladoras exigen certificados de estudios de secundaria. Para las mujeres que trabajan actualmente en las maquiladoras, muchas de ellas sin la ventaja de tener educación secundaria, este cambio aparentemente sin importancia en los criterios de contratación podría poner directamente en peligro su trabajo en el sector. No quieren correr el riesgo de tener que buscar nuevos trabajos en el sector de maquiladoras y no poder cumplir con los requisitos educativos mínimos.

El temor de las trabajadoras a enfrentarse a la discriminación basada en el embarazo aumenta por el hecho de que muchas de ellas han venido de lugares lejanos del interior de México y no quieren correr el riesgo de ser despedidas por protestar contra las prácticas de las maquiladoras. Muchas trabajadoras contaron a Human Rights Watch que ellas y sus familias emigraron desde el interior de México al área fronteriza para buscar, precisamente, trabajo en el sector de maquiladoras. Las trabajadoras con las que hablamos en Tijuana habían emigrado de otras áreas del sur de Baja California para buscar trabajo en las maquiladoras. Este modelo se repetía en Chihuahua, donde muchas mujeres y sus familias habían emigrado desde sitios tan lejanos como San Luis Potosí, en el centro este de México para buscar trabajo en las maquiladoras; y en el área de Matamoros-Reynosa-Río Bravo, donde las trabajadoras venían de Veracruz y Guadalajara, en el oeste y este de México, respectivamente, para buscar trabajo en las maquiladoras.

Las maquiladoras del área fronteriza emplean a más de 420.000 mexicanos en tareas de montaje; unas 242.000 son mujeres. En todo el país, el sector de maquiladoras emplea a más de 600.000 personas, más de 493.000 en tareas de montaje. En 1990, el 90 por ciento de todas las maquiladoras era parcial o totalmente propiedad de compañías estadounidenses, aunque en los últimos cinco años tanto las firmas coreanas como japonesas han aumentado su presencia en este sector.

Hoy en día, muchas compañías estadounidenses siguen trasladando su producción al área de la frontera de Estados Unidos con México para aprovechar los niveles salariales mexicanos. Por ejemplo, la devaluación en un 40 por ciento del peso mexicano el 20 de diciembre de 1994 hizo disminuir los salarios en algunas maquiladoras hasta 5 dólares al día. El encargado de una maquiladora, Productos MG de México, señaló que después de la devaluación del peso, algunas compañías mejicanas cerraron mientras que las maquiladoras siguieron abiertas y algunas de ellas contrataron más trabajadores. De hecho, entre la devaluación de 1994 y marzo de 1996, las exportaciones de las maquiladoras crecieron un 20 por ciento.

SIN GARANTÍAS: Discriminación sexual en el sector de maquiladoras de México. Human Rights Watch.

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